"Cuarto de la sirvienta", de Ángel Ortuño

Tú eres una cosa. Te amordaza
y no sabría explicar por qué olfatea
si alguien lo sorprendiera sobre la toallas
húmedas,
tiradas en el piso.


eres
una
cosa.

Te ha imaginado muerta
bajo la regadera que es hisopo
de ácido sulfúrico no es agua.

NADA.NADA.NADA.

Sonidos raros, luces, tarántulas se crispan en las
manos.
La cabeza de Dios (que es modernista),
las sandalias
de hule.

Tú eres
una cosa.

Que no:
Nada.

El radio está en Argel.
El baño es turco.
Y la voz canta:

Nada.

Poema que forma parte del libro Boa de reciente aparición en Mantis. Vía FB de SER

Semo sobre Bolaño

En su columna de hoy, Ilán Semo escribe sobre Roberto Bolaño y la altura moral de su escritura, que sin embargo no es estrictamente moralista. Una escritura que se sobrepone a las construcciones discursivas del modernismo sin ser por eso llamada posmoderna. Críticas como la de Semo hacen más por la escritura de Bolaño que otras críticas encasillantes, vendimias de mercaderes o pretextos para académicos urgentes. Debo confesar que críticas como las de Semo son las que me hacen pensar que he tardado en leer a Bolaño. Habré de empezar pronto, mientras tanto les dejo un par de fragmentos del artículo:
La risa de Bolaño es tal vez su mayor legado. Esa meticulosa ironía con la que destroza página tras página toda ontología del poder, todo fin trazado a lo largo de los relatos que imaginan al deseo, y a su consumación, como una afirmación interminable del control. El control sobre el cuerpo, sobre la mente, sobre el deseo mismo... del otro. Al final de ese viaje en el que sólo queda no un cuerpo, sino un maniquí; no una mente sino un depósito de la inconexión; no un deseo sino una alucinación.

[...]

Nació en Chile, creció en México y escribió la mayor parte de sus libros en España, pero su patria son los que han sido alcanzados o arrastrados por la descodificación, que ni siquiera representan un número en la estadística, por el pudor del exceso estadístico; aquellos que deben incluso pedir prestado un rostro o cuyo rostro aparecerá tan sólo como epitafio para documentar su anonimato. El orden más natural de lo que fue el siglo XX: el cuerpo mudo, blanco del consumo, del artificio, de la manía de la sobrerrepresentación.

El artículo aquí, vía La Jornada.

Charlie Brown en la loma (Tango de otro viudo), E. Lizalde

Hace poco escribí en facebook una frase de Homero Simpson. La frase del pater Simpson se refería a las penurias del matrimonio Simpson y decía "[Marge,] hemos sufrido más que los judíos y Charlie Brown juntos". En los comentarios a la nota (muy celebrada) le decía a Rafa que la frase me recordaba este poema de Lizalde. Va el poema, para que entiendan el chiste completo.

En la noche asesina, y solo en el montículo,
¡qué soledad a veces, Charlie, pavorosa!
con casa llena,
y ya en la parte baja de la octava,
y tirando wild pitch -uno tras otro-,
salvaje, eterna soledad, de veras.
Cósmica soledad del lanzador al centro del diamante.
Una mirada al fondo, de ratón acorralado:
toleteros veloces, atentos y enemigos,
y tristes jardineros fraternales
a los que ciega el sol bajo las bardas.

Al frente, el bateador,
la noche arriba.
Lluevan, cielos,
derrúmbense las nieblas sobre el parque.
Viudo en la loma,
como bajo la ducha en esa infancia
que dejábamos ya, soñando en altas diosas
o primas ruborosas e imposibles,
y haciéndose una horrible, deprimente puñeta
en la mañana.
¡qué soledad, de veras, Charlie!
-y falla el doble play, para acabarla.

El poema apareció en el número 129 (1987) de Vuelta. También está, claro, en la poesía reunida del gran Tigre.

Historia y crítica del liberalismo


Uno de los grandes problemas de los liberales (más que del liberalismo) es que son poco adeptos a la autocrítica. La mayoría cree estar parado en el centro estabilizador del caos circundante, creen ser el punto neutral a partir del cual la otrora línea errática del Antiguo Régimen devenía en la línea recta del progreso. Otros tantos suelen ser reacios a la apertura, seres libres encerrados en su libertad y lejanos del diálogo que exigen a las otras corrientes de pensamiento.

En su columna de La Jornada, hoy Ilán Semo condensa magistralmente la historia excéntrica del liberalismo, su encuentro no siempre logrado con la democracia, y sus tres puntos de revisión o muerte. Les dejo un adelanto:

¿Vivimos acaso la tercera muerte del orden liberal? Esta es muy distinta. Por primera vez en su historia, desde los ochentas la tradición liberal se encuentra con Rousseau, con la tradición democrática. ¿Pero se puede decir que fue un encuentro que acabó con su peculiaridad central? Si observamos el desliz autoritario del neoliberalismo, como sucede actualmente en Francia e Italia, la respuesta es pesimista. En rigor el neoliberalismo no es distinto al antiguo liberalismo: tiene una proclividad por defender la libertad con la constricción de las libertades

Tal vez el liberalismo sigue impregnado por su maquinaria básica, eso que lo hizo tan distintivo desde su origen: la fuerza y la decisión para anular (en aras de salvar a la libertad) el principio democrático como forma de representación.


Acá la columna completa.
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