Inédito

3 de junio de 2011
Es que usted no sabe
es que su muy su tan traído
su inexplicable asfalto
su forma de piel incandescente
es que usted
es que usted sabe
su coraza de ave muerta
su cándido silencio de plumas encendidas
su ave potestad del canto silencioso
es que usted
y su asfalto de rodillas carcomidas
el tan temido roce
los vidrios en la espalda
es que usted sabe
el inhalante el vapor la gasa en la memoria
el tan temido fuego
en las fauces del dragón volátil
porque usted
usted sí sabe
de las cosquillas en la roca
y el hilarante hilo de los árboles
el cuerpo es casa que se lleva
a los descensos como cristo
o cólico
es que su muy su tan traído
rostro en el aceite
su incandescente arpegio
en el poder

El calor es la guerrilla del asfalto.

[Este poema tiene algún origen aquí y aquí]

Doy un paso

1 de junio de 2011
Doy un paso.

Doy otro paso.

Avanzo lentamente por las calles empedradas de este pueblo. Miro las piedras gastadas por los pasos anteriores, piedras que en su cuarteadura presienten los pasos por venir, piedras que se ofrecen como puños contra la suela de mis botas. Avanzo por las calles escarpadas, por los callejones que, como el agua, dan la vuelta y llegan siempre, callejones ouroboros que me obligan a caminar las entrañas de un pueblo reducido a su perspectiva.

Doy un paso. Sigo caminando, expongo a mi tobillo a la flexibilidad de las pendientes. Camino cabizbajo, mirando mis pies y las rocas en su baile de cuidados e infortunios. Camino cabizbajo, como si la tristeza naciera de un empedrado insuficiente y lastimado. Camino hasta la esquina donde una casa me muestra un rincón iluminado, el choque de las paredes que cortan la casa, que le dan forma con la luz que se desliza por su piel. Hay una danza erótica entre la luz y las paredes, ella, esquiva, las toca con la yemas de los dedos; ellas, ansiosas, abren sus poros a lo que la luz ofrezca. Sobre la pared iluminada se detiene una lagartija, diminuta y ocre, a ser también tocada por el sol, una caricia sobre el lomo arrugado de la especie.

Camino hacia abajo, aferrándome a la repulsión de las piedras que me mantienen de pie. Podría rodar cuesta abajo, llegar tan pronto y tan maltrecho, pero prefiero caminar, dilatarme por el pavimento como sombra. La lentitud del paso que saborea el suelo, que paladea las consonantes y los huecos entre las piedras, las vocales. Camino como si leyera las calles, contando versos con los pies, sintiendo las cesuras de un alejandrino empedrado en las rodillas. Camino. Me detengo. Respiro. Mido mis pasos en exhalaciones.

En Grecias, los autobuses son metáforas. En este pueblo, mis pies son metonimia, los arrastro para llegar al fondo del camino. Las calles de este pueblo son versos que recorro con los dedos para no perder el hilo.

Este pueblo es un libro.

Leer es deambular.

La peste

La peste no es una enfermedad del cuerpo humano sino del cuerpo social. La peste no es una enfermedad sino una percepción y una enunciación. La enfermedad se transforma en peste cuando altera no sólo los cuerpos sino las relaciones entre ellos. Portar la peste es portar el espectro maldito de lo social. Esto no significa que la enfermedad no existe, o que no incida sobre los cuerpos, al contrario, los hiere del modo más visible, los llaga, escribe historias con pústulas sobre la piel. Quien se acerca al enfermo se contagia de peste y de miedo, que es lo mismo. Se contagia de pasado.

En su más reciente libro, titulado lacónicamente “La peste”, editado en 2010 por El tucán de virginia, Armando González Torres explora el núcleo social de la enfermedad. Más que describir el estado decadente de los cuerpos, González Torres relata los estados públicos de la enfermedad; más que una sintomatología, González Torres escribe la mitología de la enfermedad.

La primera parte narra el origen de la enfermedad como un castigo pero también como un contagio. La causa de la peste es espiritual y física. No basta el sometimiento de los otros, lo que enferma es el contacto con los cuerpos, invasión de las ciudades y los cuerpos:
[…]
Pero en la doncella prisionera
que jugamos risueños a las cartas,
en la algazara tersa de su carne,
en su entraña jocunda y virginal
se albergaba ya el contagio punitivo (13).


A lo largo del libro, González Torres parece rescatar el sentido antiguo de las pestes, como lo señalara Susan Sontag, no la vergüenza del portador sino el juicio a la comunidad. Al final, la peste es otro modo de la comunidad:

El inoculado busca con desesperación otro cuerpo en el cual gastar sus últimas fuerzas (63).


La desintegración de los enemigos se vuelve contra los opresores, los colma de pústulas, infecta las relaciones sociales mientras las regenera, enfermas y contrahechas, de nuevo corporales. La peste brota del cuerpo e infecta el lenguaje; la perla del lenguaje brota deforme de la llaga. De estirpe platónica, las voces del poema reconocen en el sofisma la contaminación. El lenguaje vuelto hacia su centro sonoro, incomunicable en su apariencia de brote:

Erísticas carroñas competían
sabandijas dialécticas mostrábanse
sagaces en el arte del ultraje
los libelos libaban en la escoria
los letrados presumían la ignominia
y sin cesar manaban los agravios (71).


El libro concluye con la infección de los ritos y la profecía. La peste invade los cuerpos, las manos que tocan al prójimo y la boca que pronuncia; la peste invade al lenguaje, vuelto fango intransitable, para, finalmente, alterar el ámbito mágico de la palabra. Anulada la profecía, todo es presente. Anulado el culto, todo es carne:
La peste había cambiado la forma y el fondo del culto. Todos los actos del pueblo estaban marcados por el temor. Creían en Dios por costumbre, pero combinaban su veneración al Dios Verdadero con la zalamería y el soborno hacia diversos diosecillos peludos, desaeados [..] (88).


La peste que nace en la carne vuelve a ella. La carne es la posibilidad de la peste y su confirmación. El lenguaje desleído, hecho jirones en la comunidad pide a gritos el orden de la sintaxis pulida. He ahí la paradoja del poemario. No estamos frente a la mimesis caótica de la decadencia, sino frente al esculpido orden que la dota de sentido.

Ante la tentación de leer el libro como una alegoría la actualidad nacional, como una fábula moral que indica el camino para la salvación, prefiero la lectura desde la distancia. Si hay una ética en el libro es la del relato, es decir, el orden de las cosas contadas, el orden del mito y su posibilidad explicativa:
Recordemos el aliento aliterante
no el sórdido temor, ni la resaca (51).
Antes el orden de la memoria que el presente desfigurado.

Cajón de vidrio II

30 de marzo de 2010
Si Remy de Ratatouille es una metáfora perfecta del artista decadentista, el creador por excelencia, el amante del arte hasta el extremo de poner la vida en ello; Wall-e es la metáfora exacta del artista contemporáneo. El artista contemporáneo es un coleccionista. A la manera de Wall-e, busca entre la basura de un mundo derruido para sacar lo que brilla, aquello cuya forma turgente se antoja a la vista y al tacto. El artista contemporáneo no puede hallar la motivación de su trabajo en la creación, sino en la recreación de lo derruido. Lo suyo no es la construcción sino la reconstrucción de los no-lugares. Por eso los lugares público son los espacios propicios para el arte nuevo; su presencia reside en el tránsito y el movimiento. En la evacuación momentánea.

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El arte contemporáneo es, en este sentido, neobarroco. Entendamos lo neobarroco como lo define Calabrese, es espíritu que inunda una época y cuyos ejes son la fragmentación , la desestabilización, la reutilización.

El arte anterior se solazaba en la creación de significados. El arte contemporáneo parece preferir la creación de contextos significativos, la creación de espacios semiotizados, espacios de convergencia y presencia.

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Para Nicolas Bourriaud el arte contemporáneo se mueve en lo que él llama post-producción. El artista contemporáneo es un recolector de objetos que después transforma. Los objetos no son, claro, exclusivamente materiales; existen también los objetos inmateriales (siguiendo a Nancy) que aún sin un cuerpo que se pueda tocar son capaces de comunicar y generar sentido. Son aquellos objetos con los que nos relacionamos a partir de la derivación tecnológica, objetos cuya materialidad existe en ausencia, como fantasmas del mundo que pueden devolvernos al mundo. La película que Wall-e ve en su proyector es un inmaterial, a partir de ella se genera un motivo dentro de la trama que reunirá a los robots marginales. Cuando se ha borrado la memoria de Wall-e se borra también la grabación de Hello Dolly!; el "problema" de los inmateriales es que son desechables, su materialidad es evanescente. Sin embargo, permanece el sentido que les otorgamos al intervenirlos en contextos semiotizados. Después de la borradura queda la huella. La huella es el espacio propicio para la experimentación

Pensemos por ejemplo en Cornell (esto se lo debo a I). Sus collages son articulaciones de un mundo en ruinas reconstruido. El arte de Cornell no existe, no puede existir sólo en la creación sino en la recolección y en la revisión. Sus cajones son nudos de sentido en los que el mundo se construye significativamente a partir de los fragmentos; son nudos porque concentran y atan como los nudos con los que el barco permanece en el muelle. Son nudos que impiden la trascendencia y la ontología, porque no hay nada que nos pueda ser útil allí. Son nudos de sentido histórico, de sentido objetual: material e inmaterial.

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Después de todo, lo que queda del arte contemporáneo es su vocación por el fractal. También la generosidad, porque nada de lo que ha hecho el arte puede entenderse sin la generosidad de compartir y crear sentidos colectivos. Las manifestaciones más loables son aquellas capaces de aglutinar individuos para formar comunidades. Por eso el arte nuevo no se presentará solamente en los medios tradicionales, pues ellos no alcanzan siempre a generar actividad comunitaria a su alrededor, sino también y sobre todo a partir de experiencias colectivas. Esperemos el arte en Facebook, en twitter, el arte de inspiración colectiva en colaboración virtual y el arte que desestabiliza las huellas del mundo en el que la colectividad puede construir sentido.

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Como principio de generosidad, con ánimo de compartir para construir comunidades significantes abro un nuevo espacio en red. Un espacio en tumblr llamado "Cajón de vidrio". Un espacio para la desestabilización de los sentidos y la evanescencia de los sujetos. Un espacio en el que puedo construir mi identidad, maleable, fluctuante a partir no de los saberes instaurados, sino a partir de la generosidad de compartir y comentar. Tumblr será el punto de partida de los comentarios en otras redes, en otros nodos. De él saldrán discusiones y aproximaciones, de él se desprenderán los sentidos posteriores.

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